Cultura en Red
Desde que una rama de la Etnología norteamericana se denominó
«antropología cultural», el sentido de la cultura se extendió a todo tipo de
comportamientos y quehaceres, y, como es lógico, perdió en comprensión como
ganó en extensión. Antes, en sentido estricto, la cultura designaba la forma
espiritual de la vida: el arraigo de una conciencia en el suelo histórico que
le nutre, asimilando la diversidad de sus elementos en la novedad de una
síntesis original. Así, mientras un individuo salvaje no puede hacer más que
empezar cada mañana un día igual a la víspera, un ser culto nunca acaba de
proseguir lo que la misma historia empezó. Lo mismo que, debido a su patrimonio
genético, cada ser vivo es tan antiguo como la misma vida, la cultura hace que
cualquier espíritu sea tan viejo como la humanidad entera. Puesto que, por
tener mucha experiencia, los ancianos nos parecen tener alguna sabiduría, al
procurarnos la experiencia de lo que hemos sentido interiormente sin haberlo
vivido, la cultura nos hace más sabios porque nos hace más humanos.
Conformándonos al uso actual de
la palabra, podría entenderse la cultura como el conjunto de datos y
comportamientos sociales, de actitudes intelectuales, de referencias estéticas,
a la vez de inclinaciones y rechazos morales que, si no proporcionan la
radiografía de una época, al menos dibujan su perfil.
No tomo en cuenta las
teorías científicas ni la evolución de las técnicas, puesto que sólo importan
por los nuevos y masivos comportamientos que suscitan (como el teléfono,
televisión, automóvil, etcétera; pero el descubrimiento de una estrella o la
mecánica cuántica, no cambiaron nada la experiencia íntima que los hombres
tienen de sí mismos, de su humanidad. Todo lo que cultiva instruye, pero no
todo lo que instruye cultiva.Hagamos dos consideraciones.

La
primera es la ley del doble frenesí: la evolución de la vida resulta de dos
tendencias encontradas: materia y espíritu; lo mismo que se pasa, de manera
frenética e imprevisible, de la tradición más conservadora a la innovación más
arriesgada, se pasa también del goce más egoísta al espíritu de sacrificio y
entrega más altruista. La segunda, menciona dos factores de incertidumbre que
arruinan toda previsión en el campo de la historia, a pesar de los planes
económicos y los programas de investigación: siempre hay algún pensador o
científico que descubre lo que no buscaba, provocando un cambio inesperado; y,
así como una voluntad al repetirse se convierte en costumbre, … no hay audacia
creadora que no se vuelva pronto un tema escolar y académico.
El carácter pragmático de los
estudios y la especialización técnica de los saberes tiene por resultado la
uniformidad de la cultura contemporánea, que otros podrían denominar como
carácter democrático: los mismos programas de las mismas pantallas.
2) Existe un nuevo tipo de
credulidad suscitada por la televisión: al verla, se cree espontáneamente que
el aparato no hace más que acercar la imagen de cosas que sólo la distancia
hacía imperceptibles. Pensamos que lo que vemos en ella no son unos testimonios
siempre parciales y dudosos que tenemos que juzgar, sino la inmediatez de la
misma existencia que no podemos más que observar y constatar. No sólo creemos
estar muy bien informados cuando somos desinformados, sino que creemos además
conocer perfectamente lo que nunca entendimos.
2) Existe un nuevo tipo de credulidad suscitada por la televisión: al verla, se cree espontáneamente que el aparato no hace más que acercar la imagen de cosas que sólo la distancia hacía imperceptibles. Pensamos que lo que vemos en ella no son unos testimonios siempre parciales y dudosos que tenemos que juzgar, sino la inmediatez de la misma existencia que no podemos más que observar y constatar. No sólo creemos estar muy bien informados cuando somos desinformados, sino que creemos además conocer perfectamente lo que nunca entendimos.
4) De ahí, que la cultura televisiva
aniquile o atrofie tanto el sentido de lo admirable como de lo escandaloso. Nos
hace experimentar todas las cosas de la misma manera. En esta cultura de la
nivelación, todas las diferencias son acogidas pero sólo como diversos modos de
lo indiferenciado.
4) De ahí, que la cultura televisiva aniquile o atrofie tanto el sentido de lo admirable como de lo escandaloso. Nos hace experimentar todas las cosas de la misma manera. En esta cultura de la nivelación, todas las diferencias son acogidas pero sólo como diversos modos de lo indiferenciado.

La televisión operó la unificación de la humanidad por la universalización de algún tipo de cultura: la televisiva; lo que no habían alcanzado el libro y la escuela. Todo se ve ahora de la misma manera, en el mismo flujo de las imágenes, sin que nadie pueda ser más concernido o comprometido en un momento que en otro.
Esto acarrea cuatro consecuencias:
1) Haber hecho equívoco el
estatuto de la realidad. La misma lógica de la modalidad viene a ser en
adelante desviada, engañada. Esto se desarrollará porque compromete
fundamentalmente la relación de la conciencia con el mundo. Se trata de distinguir
entre lo real y lo irreal, lo verdadero y lo falso, el velar y el soñar,
percibir e imaginar.
4) Esta nueva cultura sólo admite juicios de existencia, “es así”; y no
permite juicios de valor, “esto debe o no debe ser”. Quien no tiene ninguna fe
y ninguna certeza no se hace tolerante por admitir las otras: es indiferente.
Por eso, no es la tolerancia lo que difunde la cultura actual, sino la
indiferencia.
Al rehusar el orden, gusto,
razón, sentido, oficio, por todas partes se propagó un dadaísmo generalizado.
Pero, al haberse generalizado, es sólo un nihilismo.
Las Artes
El rasgo común de
todas estas manifestaciones artísticas es la inmediatez.
No se busca el cumplimiento de
una obra ni el desarrollo de una composición organizada, sino la fulgurante
intensidad de un trance; el rasgo sugestivo o patético de una palabra, una
imagen, un gesto. El tiempo como continuidad de una duración, se ha sustituido
por la experiencia de un tiempo hecho de discontinuidades.
La dispersión de
nuestras voluntades, afectos, esfuerzos y metas, se asume como una perpetua
disponibilidad al asombro imprevisible de cualquier encuentro. Ahora se busca
experimentar en una sola vida la diversidad de todas las vidas posibles. A
ningún compromiso religioso, político o amoroso, se le reconoce vigencia
absoluta.
En los últimos años, el realismo histórico rechazó los diversos
idealismos políticos con obstinación. El espíritu de abnegación y entrega parece
resumirse en la dedicación a tareas de solidaridad hacia las poblaciones más
pobres, los refugiados, los enfermos de SIDA, etcétera; pero, al perderse el
sentido de trascendencia, se pierde también el sentido de la santificación
personal, la mística del servicio y del trabajo, es decir, la alegría humilde y
laboriosa de la mediación. Al no saber en quién o en qué creer, nadie sabe a
quién o a qué servir. Es la vacilación de la fe.
Las formas culturales contemporáneas tienden a distraer al hombre de sí
mismo: es la cultura de lo asombroso, del ruido, la decoración y la
distracción. Una experiencia tan sencilla, tan universalmente compartida como
conmovedora, tendría que llamarnos más la atención… Pero no lo hace...
Fragmentos tomados e intervenidos del texto homónimo del Autor: Nicolás Grimaldi
Para concluir la letra de un tango famoso:
Cambalache
Que el mundo fue y será una porqueríaya lo sé...(¡En el quinientos seis y en el dos mil también!).Que siempre ha habido chorros,maquiavelos y estafaos,contentos y amargaos,valores y dublé...Pero que el siglo veintees un desplieguede maldá insolente,ya no hay quien lo niegue.Vivimos revolcaos en un merenguey en un mismo lodotodos manoseaos...¡Hoy resulta que es lo mismoser derecho que traidor!...¡Ignorante, sabio o chorro,generoso o estafador!¡Todo es igual!¡Nada es mejor!¡Lo mismo un burroque un gran profesor!No hay aplazaosni escalafón,los inmoralesnos han igualao.Si uno vive en la imposturay otro roba en su ambición,¡da lo mismo que sea cura,colchonero, rey de bastos,caradura o polizón!...¡Qué falta de respeto, qué atropelloa la razón!¡Cualquiera es un señor!¡Cualquiera es un ladrón!Mezclao con Stavisky va Don Boscoy "La Mignón",Don Chicho y Napoleón,Carnera y San Martín...Igual que en la vidriera irrespetuosade los cambalachesse ha mezclao la vida,y herida por un sable sin remachesves llorar la Bibliacontra un calefón...¡Siglo veinte, cambalache problemático y febril!...El que no llora no mama y el que no afana es un gil!¡Dale nomás!¡Dale que va!¡Que allá en el horno nos vamo a encontrar!¡No pienses más,sentate a un lao,que a nadie importasi naciste honrao! Es lo mismo el que labura noche y día como un buey,que el que vive de los otros,que el que mata, que el que cura o está fuera de la ley. |














